Introducción
Adentrémonos en el oscuro rincón de la criminología, donde las historias más espeluznantes encuentran su morada. En este viaje, exploraremos la vida y los crímenes de un personaje que ha dejado una marca indeleble en la historia del true crime: Ed Gein. Conocido como el ‘Demonio de Plainfield’, Gein es un nombre que evoca horror, misterio y la perturbadora oscuridad de la mente humana.
Desde su niñez en una granja de Wisconsin hasta su detención y sentencia, la vida de Ed Gein es un relato aterrador de una transformación gradual de lo mundano a lo monstruoso. Pero, ¿qué llevó a este hombre aparentemente común a cometer actos tan aberrantes? ¿Cómo se convirtió en un ícono del terror y la criminología?
A medida que desentrañamos los misterios de su vida, descubriremos los horrores que dejó a su paso, incluyendo la trágica suerte de sus víctimas. Prepárate para una inmersión en lo desconocido, donde la psicología y la sociedad se entrelazan en un oscuro enigma.
No es sorprendente que el legado de Ed Gein haya trascendido más allá de la realidad, inspirando innumerables obras de ficción, como la aterradora «Matanza de Texas», la icónica «Psicosis» de Alfred Hitchcock y la serie de culto «American Horror Story». Estas creaciones nos recuerdan que la historia de Gein sigue alimentando nuestras pesadillas colectivas.
Si este viaje a través de las sombras de la psique humana te ha intrigado, asegúrate de explorar nuestras otras entradas de blog sobre figuras igualmente inquietantes, como el infame John Wayne Gacy. Encontrarás que el mundo del true crime es un abismo de misterio y oscuridad que nunca deja de sorprendernos. Bienvenidos a la historia inquietante de Ed Gein, el enigma detrás del “Demonio de Plainfield”.
Índice
El Joven Ed Gein
Como ya sabemos, todo lo que vivimos deja huella en nosotros, influyendo en las personas que somos cuando llegamos a la edad adulta. Por este motivo, no podemos saber quién era Ed Gein sin hablar primero de sus padres, poniendo énfasis en su madre.
La Semilla del Diablo
Por un lado, el padre de Ed, George Gein, era un hombre apesadumbrado y pobre de espíritu. Esto se debe a que cuando era niño sufrió un traumático suceso. Sus padres sufrieron las consecuencias de la inundación del río Misisipi, el cual devastó su granja y se llevó consigo la carreta en la que la familia escapaba del recinto. Como resultado de los acontecimientos, George quedó huérfano a la corta edad de 3 años, y fueron sus abuelos los que se encargaron de cuidarlo. Pasaron los años, el niño creció y se convirtió en un adulto. Aprendió el oficio de herrero y formó una familia, pero nada lograba hacerle feliz, ya que durante toda su vida arrastró una depresión que no sería capaz de superar.
Y por otro lado, tenemos a Augusta Gein, hija de inmigrantes alemanes, la cual había sido educada a base de violencia y una severa devoción religiosa. Se trataba de una mujer grande y corpulenta, estricta y de toscos modales. Era todo lo contrario a su marido. Tenía un fuerte carácter, se encargaba de la casa, manejaba todo el dinero de su esposo, y decidía qué hacer en cada momento. Llevaba su moral por bandera, y esto le hacía ver a las demás mujeres como promiscuas pecadoras que perjudicaban a la sociedad.
Como te habrás dado cuenta George y Augusta eran como el agua y el aceite, pero no se sabe ni cómo ni porqué, el 4 de diciembre de 1899 decidieron unirse en matrimonio (seguramente porque Augusta vería en George a una persona fácil de manejar). Y para sorpresa de nadie la relación no funcionó.
Poco después de casarse, Augusta se convirtió en una especie de dictadora del hogar. Imponía sus ideas, nunca dejó que su marido participara en nada concerniente a la casa. Más bien todo lo contrario. No le hizo falta mucho tiempo para darse cuenta de la pobreza de espíritu que George poseía, y se dedicaba a recordárselo día tras día. Lo humillaba, le hacía saber constantemente lo poco hombre que era, y la cantidad de debilidades que mostraba.
Pero si piensas que George era un pobre hombre, estás muy equivocado. Resulta que a su “querido” esposo le encantaba empinar el codo día sí y día también, y por este motivo eran frecuentes las palizas que le propinaba a su mujer hasta que la dejaba tirada en el suelo. Razón por la que Augusta rezaba con fervor rogándole a Dios que matara a su marido. (Ya ves que ninguno de los dos era ningún santo).

« Augusta Gein tenía un fuerte carácter, se encargaba de la casa, manejaba todo el dinero de su esposo, y decidía qué hacer en cada momento. Llevaba su moral por bandera, y esto le hacía ver a las demás mujeres como promiscuas pecadoras que perjudicaban a la sociedad.«
Fotografía del periódico «La Vanguardia».
Una Brillante Idea
¿Y qué crees que se le ocurrió a Augusta para arreglar su relación? Pues nada más y nada menos que tener un hijo. Así es, en su día más lúcido la mujer pensó que tener un hijo los uniría más que nunca, y conseguirían superar todos los problemas de su relación. De esta forma, el 17 de enero de 1902 tuvieron a su primer hijo, Henry.
Pero el trabajo de George no iba bien, y por decisión de Augusta (para variar…) abrieron una tienda de ultramarinos en el año 1909. Augusta dejó que su marido se hiciera cargo del comercio. Se convirtió en encargado, vendía, hacía las cuentas y organizaba la tienda. Pero esto no era suficiente para su esposa, que lo seguía viendo como un fracasado. Por ello, tan solo dos años después, quitó a su marido de en medio y se autoproclamó dueña del negocio. Relegando a George al puesto de mozo de almacén.
Pero te preguntarás ¿Y Henry? ¿Su nacimiento provocó el acercamiento entre sus padres? Pues la repuestos es no. Su relación no mejoró para nada. Lo único que cambió es que Augusta sentía un profundo desapego por su hijo. No le hablaba, no le mostraba afecto, para ella era como si no estuviera. Y este sentimiento la mujer lo achacaba a que no era una niña.
A la Segunda va la Vencida… o No
Por ello lo volvió a intentar. Durante su embarazo le imploró a Dios con todas su fuerzas que el siguiente bebé que saliera de su vientre fuera una niña. Pero parece ser que Dios en ese momento no estaba escuchando las plegarias de Augusta. Ya que 9 meses más tarde dió a luz a un niño, al que llamaron Edward.
Ante la ignorancia que Dios mostraba por sus ruegos, Augusta, una mujer de armas tomar, decidió que no se dejaría vencer por el destino, y se prometió a sí misma que Ed no sería un niño como otro cualquiera. Como ella odiaba a los hombres, no dejaría que su hijo se convirtiera en uno.
Pero no te vayas a creer que lo trataría de mejor manera que al resto de su familia. Querer un hijo diferente, en el idioma de Augusta, significaba tratarlo con más dureza. Diariamente le gritaba, insultaba y trataba con violencia. Actos que poco a poco fueron haciendo mella en la personalidad del pequeño Edward.
Sin embargo, esos malos tratos no mermaron la imagen que Ed tenía de su madre. Sentía una especie de apego obsesivo por ella. La veía como una mujer fuerte y que, sobre tener unas toscas maneras, siempre estaría ahí para rescatarle si algo le sucedía en ese peligroso mundo del que tanto le hablaba. Para Ed, las vejaciones de su madre eran su particular forma de protegerlo.
No te Metas Donde No te Llaman
Pero si algo marcó de por vida al pequeño Ed es lo que te voy a contar a continuación. ¿Recuerdas cuando tus padres te decían que no hicieras algo y a ti te daban más ganas de hacerlo? Pues Augusta le tenía dicho a Ed y a su hermano que no podían entrar al cuarto que había al fondo de la tienda. Se lo recalcó en múltiples ocasiones, pero Ed era un niño curioso y pensó que por echar un vistazo tampoco pasaría nada.
Cuál fué la sorpresa de Ed que cuando se asomó en silencio a ver qué había tras esa puerta, se encontró a sus padres despedazando unos cerdos. Y pensarás, pobre Ed, eso es un acto muy violento para un niño pequeño. Pero no te creas que el niño se molestó mucho, más bien todo lo contrario, ya que de adulto Ed confesó que al presenciar esa escena fué la primera vez que eyaculó.
Los padres lo descubrieron, y con rapidez sacaron al niño de allí, pero era demasiado tarde. Presenciar aquella escena fué un hecho que acompañaría a Ed el resto de su vida, y por el que más tarde comenzarían a sembrarse algunas ideas en su cabeza.
Un Nuevo Comienzo
Para el año 1913, Ed ya no era un bebé, pero Augusta no quería criar a su hijo bajo la influencia de las gentes del pueblo, ya que los consideraba pecadores e impuros. Por ello tomó la unilateral decisión de comprar un terreno y montar una granja. No se lo pensó dos veces. Cogió todos los ahorros que tenía, adquirió un terreno de 195 hectáreas y se gastó el resto en animales.
El plan de Augusta no podía fallar, desde ese momento podría criar a su hijo tal y como ella quería. Aislado del resto de la sociedad y de los peligros que representaba el mundo. El único fallo en el plan de Augusta era la escuela. Los niños tenían la obligación de ir al colegio, y allí no sería posible aislarlos.
Pero tampoco te creas que esto influye mucho en las perspectivas de Augusta, ya que cuando Ed estaba en la escuela, si bien su madre no podía vigilar, había estado durante años sembrando la semilla del miendo en su hijo, y esto hizo que el pequeño tuviera miedo de relacionarse.
«Augusta tomó la unilateral decisión de comprar un terreno y montar una granja. Cogió todos los ahorros que tenía, adquirió un terreno de 195 hectáreas y se gastó el resto en animales.»
Fotografía periódico «La Vanguardia».

Ed Gein: Bicho Raro
Durante sus años de escuela Ed era un chico muy retraído, que no se relacionaba con el resto de sus compañeros, y mucho menos de sus compañeras. Y por este motivo, los niños de su clase, que intentaban acercarse a él sin éxito, empezaron a considerarlo un “chico raro”.
Seguramente para este momento te preguntes dónde estaba el padre de Ed. Pues te diré que se encontraba en un grave estado de decadencia. Al poco tiempo de mudarse a la granja George empezó a empeorar, sus ánimos, que en un principio ya eran pocos, disminuían cada vez más. Hasta el extremo de enfermar y morir.
Pero no te vayas a pensar que la familia notó mucho la pérdida del hombre. Ya que lo enterraron y siguieron con su vida como si nada hubiera sucedido.
Juventud Divino Tesoro
Pasó el tiempo y Ed y su hermano crecieron, entrando en la adolescencia. Seguían viviendo en la granja y su madre seguía siendo la cabeza de familia. Sin embargo, aunque todo paracía ser igual que siempre, algo empezó a cambiar.
Devoción
Al igual que crecieron los dos hermanos, también lo hicieron las inseguridades de Augusta. Temía que sus hijos se fueran con cualquier mujer libertina, de esas de las que estaba plagado el mundo. Y por ello endureció las medidas hacia sus hijos. Los regañaba con mucha más dureza, les inculcaba los valores religiosos con puño de hierro, y se propuso que sus hijos serían puros para siempre.
Ed adoraba a su madre, y pensaba que todo lo que hacía era por su bien. Nunca rechistaba, consideraba que su madre era sabia y siempre tenía razón. Pero no era ese el caso de su hermano. Cada vez que su madre los regañaba o les pegaba, lo hacía sentir como un niño, pero Charles ya no lo era y no le gustaba que lo tratasen como tal.
Por supuesto que sus pensamientos nunca fueron exteriorizados en presencia de su madre, pero sí delante de su hermano menor. Con él tenía más confianza, y sentía que podía expresar sus sentimientos con sinceridad. Pero Charles no sabía cuán equivocado estaba. A Ed no le agradaban las quejas de su hermano, que pensaba que estaba ofendiendo los esfuerzos que hacía su madre por mantenerlos a salvo. Y es algo que se quedaría en la mente de Ed durante durante bastante tiempo.
Un Desafortunado Accidente
Siendo más exactos, hasta 1944, cuando Ed y Charles se encontraban quemando maleza, generando un incendio. Poco después Charles apareció muerto, a los 43 años, en los alrededores de la finca. Según declaró Ed, el fuego se descontroló e intentaron sofocarlo, pero su hermano salió corriendo debido al abundante humo y podría haber muerto ahogado. Las sospechas se cernieron sobre él ya que, cuando la policía le pidió ayuda para encontrarlo, rápidamente y sin vacilar los llevó al sitio donde se encontraba el cadáver de su hermano mayor. Sin embargo, ante la falta de pruebas no pudieron determinar que fuera un asesinato.
El Descenso de Ed Gein
Para ese momento Ed Gein vivía en un sueño. Por fin podía estar a solas con su madre, y todas las atenciones serían para él. Pero la felicidad no le duró mucho, ya que tan solo un año después, Augusta padeció un derrame cerebral, que la dejaría convaleciente durante meses.
Augusta empezó a remontar, y parecía que su salud mejoraba. Incluso consiguió volver a andar. Pero a los pocos meses la esperanza de Ed por recuperar a su madre se desvanecería por completo. Ya que meses más tarde, en el 1945, en uno de sus monumentales enfados, Augusta volvería a sufrir otro derrame cerebral del que ya no volvería a despertar nunca.
Tocando Fondo
De esta forma el mundo de Ed se derrumbó por completo. El pilar que sustentaba su vida había muerto, y ya no le quedaba nadie en el mundo. Pero tomó una decisión. Aunque su madre ya no podía estar con él, llevaría consigo todo lo que le había enseñado, y su presencia le acompañaría hasta el día de su muerte.
Pasó el tiempo y Ed seguía totalmente solo y aislado del resto de las personas en su granja. Debido a la soledad y a la traumática pérdida de su madre, Ed perdió todo atisbo de cordura. Hasta que un día empezó a tener alucinaciones. Primero auditivas, en las que escucha con claridad la voz de su madre. Después era el olfato el que le engañaba, ya que comenzó a oler a carne en descomposición. Y por último llegaron las visiones. Veía buitres que lo acechaban y caras de cientos de mujeres que lo observaban.
El Souvenir
18 meses más tarde, a sus 41 años, Gein estaba sumido en una profunda psicosis, y en uno de sus brotes tuvo una idea (el mejor momento sin duda). Aprovechó que iba a ver a su madre al cementerio para hacer otra faena.
Cuando se quedó solo excavó hasta encontrar el ataúd que guardaba los restos de su madre, y exhumó el cadáver. Con sus propias manos arrancó la cabeza del cuerpo y se la llevó consigo. Desde ese momento su madre siempre estaría a su lado. Ed ya no estaba solo.
Pero la compañía de Augusta (o parte de ella) pronto dejaría de ser suficiente. Por lo que Gein se afanó en encontrar un montón de personas que pudiera aplacar su soledad (y que estaban en el mismo estado que su madre… ya sabes por donde voy).

« Cuando se quedó solo excavó hasta encontrar el ataúd que guardaba los restos de su madre, y exhumó el cadáver. Con sus propias manos arrancó la cabeza del cuerpo y se la llevó consigo.»
Fotografía del periódico «Infobae».
Desapariciones en Plainfield
Para Ed todo iba bien, ya que estaba bastante entretenido exhumando cadáveres del cementerio. Pero durante el año 1947 empezaron a sucederse algunas desapariciones en circunstancias cuanto menos misteriosas en el pueblo de Plainfield.
El día 1 de mayo desapareció Georgia Weckler, una niña de tan solo 8 años. Un vecino la dejó en la acera de su casa tras recogerla del colegio, vio como la chiquilla se paraba en el buzón para revisar el correo y tras eso se dirigió a casa, que estaba en el mismo jardín. Con lo cual la niña tuvo que desaparecer durante el transcurso de esos pocos pasos. La policía no consiguió encontrar al culpable, ya que la única prueba de la que disponían eran las huellas de un coche marca Ford que había cerca de la escena del crimen.
Pero este caso no fué el único ya que, 5 años más tarde, en el 1952 desaparecieron dos hombres más, se llamaban Víctor Travis y Rick Burgess y tras quedar para pasar el rato en un bar del pueblo, nunca más se volvió a saber de ellos.
Y un año más tarde Evelyn Hardy, una joven de 15 años que se dedicaba a cuidar a niños de familias de su barrio, fué secuestrada estando dentro de la casa de una de las familias que la habían contratado. En la escena del crimen se encontró mucha sangre y un rastro de pisadas. Tras la búsqueda de la joven la policía pudo encontrar su ropa interior a 3 kilómetros del pueblo. Debido a este hallazgo los agentes ampliaron el ratio de búsqueda y ello les llevó a encontrar unos pantalones de hombre llenos de sangre a unos 6 kilómetros del lugar.
Si bien las víctimas no tienen ninguna relación o parecido entre sí, existe algo que las une, y es que sus cadáveres nunca fueron encontrados.
El Punto de No Retorno
Sin embargo esto cambiaría con la desaparición de la señora Mary Hogan en el año 1954. Mary era la dueña de uno de los bares del pueblo de Ed, sitio que frecuentaba con mucha asiduidad. Se trataba de una mujer obesa, desgarbada y mal hablada, que trataba a los clientes con brusquedad y tenía un marcado acento alemán.
Seguro que os recuerda a alguien, y a Ed también, ya que en esta mujer veía el vivo reflejo de su madre. Por ello, una de las noches que fué a tomar algo, Gein esperó a que todos se hubieran ido, cerró las puertas y disparó un tiro certero en la cabeza de Mary. Lo que hizo a continuación fué arrastrar el cuerpo hasta su coche, meterlo en el maletero (que por supuesto era de la marca Ford), y desaparecer de la escena. Lo único que dejó fué un rastro de sangre que terminaba donde el vehículo había estado aparcado. Y pensarás que con este caso se terminaba todo, pero te tengo que decir que no, ya que la policía tardaría en resolverlo nada más y nada menos que tres años.
¿Y a que se dedicó Ed durante esos tres años? Pues yo te lo voy a contar.
La Búsqueda
Día tras día Gein se pasaba horas leyendo las secciones de esquelas que aparecían en los periódicos de su localidad. Le dedicaba mucho tiempo a escoger cuál sería su siguiente adquisición. Leía y releía las páginas de los periódicos, buscando cual podría cumplir todos sus estándares.
Una vez había escogido, pasaba las horas fantaseando con el cadáver. Era capaz de refrenar sus impulsos durante el día, pero no le era tan sencillo durante la noche. Podría decirse que se transformaba en un ser que no podía frenar sus instintos. Según el propio Ed, entraba en una especie de trance del que no era capaz de salir.
Por este motivo, al caer el sol cogía su pala, la metía en el maletero del Ford y se dirigía al cementerio en busca de lo que sería su nueva adquisición. Como curiosidad te diré que una de las razones por las que escogía los cadáveres recién enterrados es porque la tierra aún estaba removida lo que le facilitaba la faena de desenterrar el cuerpo.
Y te preguntarás ¿qué hacía con todos esos cadáveres? ¿para que los quería? Pues prepárate porque la realidad siempre supera a la ficción.
Ed extrañaba sobremanera a su madre, y por ello su deseo era recrearla de alguna manera para poder sentirla cerca. Quería poder vestirse de su madre para mirarse al espejo y verla de nuevo. Y la mejor manera que se le ocurrió fue hacerse un traje de mujer (otros preferimos recordar a nuestros seres queridos mediante fotos, pero supongo que tiene que haber de todo).
Trabajo de Relojero
Para confeccionar este traje seguía un protocolo muy meticuloso con el que trataba la piel de los muertos. Primero desprendía la piel del cuerpo y la extendía encima de un montón de papel de periódico, con el que poco a poco le iba quitando la humedad hasta que se quedase tan seca como el cuero. Después era el turno de la piel de la cara, la cual tenía que ser desprendida con mucho cuidado, ya que de no ser así perdería la forma. La untaba con aceites con el fin de curarla y revestía el interior con un forro de cuero. Con ello conseguía una máscara perfecta (digna de Art Attack).
De esta forma, con la cara obtenía una máscara, con los pechos y el torso se fabricaba un corset y la piel de las piernas las convertía en mayas. Pero esto no es todo, ya que le faltaba el toque final, que lo daba secando una vulva para colgarla de la punta de su glande. De esta forma, al mirarse al espejo veía reflejada a una mujer que le recordaba a su madre. Y solo de esta forma se permitía entrar a la habitación de ésta, la cuál se conservaba en el mismo estado que se encontraba en el momento de su fallecimiento.
Una Máscara de Inocencia
Pero no solo eso. Ed se sentía tan cómodo dentro de su disfraz, que se permitía el lujo de darse largos paseos por sus tierras a la luz de la luna.
¿Y nadie lo descubría? Pues te diré que no, ya que si bien era conocido por todos sus vecinos, lo consideraban un hombre solitario e inofensivo, que vivía tranquilo alejado de la sociedad. Por este motivo, eran varios los chicos que lo visitaban con tal de ofrecerles su compañía. Sin embargo, cuando los jóvenes volvían a sus casa lo hacían ojipláticos. Les contaban a sus padres que el afable Ed Gein tenía cabezas cortadas en su casa y extremidades en el salón. Pero para sorpresa de nadie los padres no hacían caso de lo que les decían sus hijos. Se pensaban que eran bromas ¿quién podía hacer eso?
Bernice Worden: La Última Víctima de Ed Gein
Pero la suerte de Ed terminaría el 16 de diciembre de 1957, cuando Gein se dirigió a la ferretería regentada por Bernice Worden. Le compró unas cuantas cosas y mantuvo una amena conversación con la mujer. Pero al salir de la tienda una idea cruzó como un rayo la cabeza de Ed. Se acordó de que era día de caza en el pueblo, y por eso no había nadie por las calles, y pensó que era el momento perfecto para hacerse con una nueva adquisición.
Por ese motivo dio la vuelta y volvió a entrar en la ferretería. Le preguntó a la señora Worden si podía enseñarle algunos de los rifles de calibre .22 que tenía en la tienda, y la mujer sin pensárselo dos veces sacó uno del almacén y dejó que Ed lo observara. Mientras tanto se apoyó en una ventana y miró por ella, quejándose de la poca clientela que había debido al día de caza. Pero cuando se dió la vuelta Ed ya había cargado el arma con un cartucho que llevaba en el bolsillo y estaba apuntando a la cabeza de la mujer. Para cuando esta quiso articular palabra ya tenía una bala entre ceja y ceja.
La Prueba del Delito
Ed siguió con el modus operandi que había llevado a cabo en otras ocasiones. Cogió el cadáver, lo arrastró hasta su coche y se lo llevó a su casa. Sin embargo esta vez no lograría librarse de la policía. Ya que cuando esta inició la investigación, al inspeccionar la tienda se dieron cuenta de que la señora Worden llevaba un registro de todo lo que se vendía en su tienda. Incluyendo el nombre de quien lo compraba. Al leerlo observaron que el último nombre que figuraba era el de Ed, a la mujer le había dado tiempo a apuntar su nombre y lo que este había comprado. De esta manera fueron rápidamente a su casa para hacerle unas preguntas.
Al acercarse a la propiedad vieron que el coche de Gein estaba en el garaje, pero él no se encontraba en casa. Por ello decidieron ir a preguntar a sus vecinos más cercanos, con los que se sabía que pasaba tiempo. Y en efecto allí estaba.
Preguntaron por Ed y los policías fueron dirigidos hasta el garaje donde se encontraba Gein esperando para irse con su vecino a dar un paseo por el pueblo. Le preguntaron si sabía algo de la señora Worden, pero Gein empezó a ponerse nervioso. Tan nervioso que refirió sentirse ofendido porque él no había matado a nadie. En ese momento los agentes se miraron entre ellos extrañados ¿matar a la señora Worden? Nadie había dicho nada de eso. De esta manera Ed había cavado su propia tumba (nunca mejor dicho). Por ello la policía se lo llevó arrestado.
La Casa de los Horrores
Durante la noche del día siguiente los policías se acercaron hasta la casa de Ed Gein con el fin de realizar un registro. Esperaban encontrar las pruebas que les condujeran al paradero de la señora Worden, pero jamás se podían imaginar lo que vieron aquella noche.
Al llegar al domicilio se dieron cuenta de que no podían entrar por la puerta principal, por lo que lo intentaron por la trasera. Estaba abierta y pudieron entrar sin problemas. A primera vista parecía una casa muy desordenada, con basura acumulada por todas partes. Se trataba de una casa muy grande, por lo que decidieron separarse para poder cubrir más terreno en menos tiempo. Encendieron sus linternas e iniciaron la búsqueda.
Uno de los agentes fue enviado al cobertizo, y mientras se encontraba mirando hacia el suelo se dió cuenta de que algo le había rozado el brazo. Alzó la linterna y pudo ver de qué se trataba. Los ojos del agente se abrieron como platos, nunca había visto nada igual. Lo que le había rozado el brazo era el cuerpo de una persona.
Se encontraba colgada boca abajo de un gancho por el tendón de aquiles, y pudo ver que tenía un profundo corte que le recorría desde la barbilla hasta el pubis. Observando que el hueco en el que deberían estar los órganos había sido vaciado. Pero eso no era todo, ya que al verlo completamente pudo darse cuenta de que también le faltaba la cabeza. Y lo peor de todo es que el cadáver estaba lleno de polvo. Lo que le llevó a pensar ¿durante cuánto tiempo había estado esa persona colgada de los pies?
Pero eso no sería más que el principio, ya que durante los 8 días que duró el registro encontraron cosas que superan cualquier película de terror.
«A primera vista parecía una casa muy desordenada, con basura acumulada por todas partes. Se trataba de una casa muy grande, por lo que decidieron separarse para poder cubrir más terreno en menos tiempo.»
Fotografía blog «Silenzine».

Sorpresa, Sorpresa
Algunas de las cosas que encontraron eran: unos platos hondos hechos con la calota de los cráneos, sillas hechas a base de piel humana, pulseras de piel, cinturones hechos con pezones, una lámpara de salón revestida con piel humana, un tambor también con piel, un cubo de la basura (adivina con que estaba forrado… ¡Sí! Con piel humana), caras humanas en las paredes, al más puro estilo de un cazador, y hasta en el tirador de las cortinas podían encontrar un par de labios en forma de adorno.
Todo esto solo fué encontrado en la planta baja de la casa. Pero esta tenía dos pisos más y debían ser registrados. Los agentes, esperando encontrar cualquier cosa, intentaron acceder a dichas plantas, pero para su sorpresa les fue imposible. Había una barricada que impedía el acceso, por lo que tuvieron que echarla abajo. Al ver lo que había tras ella no supieron cómo reaccionar.
La Obsesión de Ed
Las habitaciones se encontraban en perfecto estado, al contrario que la planta baja, que parecía un museo de los horrores. Las habitaciones eran templos dedicados a su madre, en cada una de ellas se encontraban cosas que a Ed le recordaban a Augusta. Y a las que solo podía entrar ataviado con su traje de mujer.
Últimos Hallazgos
Tras dar por finalizado el registro de la planta baja, entró la policía científica a recabar pruebas de todo lo que se había encontrado, lo cual supuso una ardua tarea. Mientras se afanaban en su tarea, uno de los policías encontró una caja, y al abrirla se quedó horrorizado (por si todo lo anterior que habían encontrado fuera poco sorprendente). Lo que vió era nada más y nada menos que una caja llena de vulvas, y una de ellas llevaba un lazo rojo y estaba pintada con pintura dorada.
Más tarde, otro de los policías encontró un paquete. Se trataba de un montón de papel de periódico anudado con una cuerda. Al abrirlo vieron lo que parecía una peluca, pero ¿las pelucas no tienen cuero cabelludo verdad? Tras analizar lo hallado se dieron cuenta de que tanto la vulva envuelta para regalo como la “peluca” eran de la señora Worden.
Porfín el caso se había resulto, y tenían pruebas más que suficientes para inculpar a Ed del asesinato de la señora Worden y de unos cuantos cargos más.

« Algunas de las cosas que encontraron eran: unos platos hondos hechos con la calota de los cráneos, sillas hechas a base de piel humana, pulseras de piel, cinturones hechos con pezones, una lámpara de salón revestida con piel humana, un tambor también con piel, un cubo de la basura…»
Fotografía blog»Silenzine».
Incógnitas
Al ser interrogado Ed admitió haber extraido los cadáveres pero negó rotundamente haber mantenido relaciones sexuales con ellos ya que no le agradaba el olor que desprendían.
Pero había cosas que la policía sentía que se les estaba escapando. ¿Cómo era posible que hubiera desenterrado él solo tantos cadáveres? Por lo que pensaron que tenía un cómplice. Que alguien lo estaba ayudando. Y por otra parte ¿Estaban relacionadas con Gein las desapariciones de la niña de 8 años, de los dos amigos que nunca fueron encontrados y la joven de 15 años? Para los agentes esto era muy posible. Pero vamos a resolver las dudas una por una.
Pronto los agentes descartaron la idea de un cómplice ya que Gein fue capaz de proporcionarles las ubicaciones de muchas de las tumbas que había exhumado. Se dirigieron a ellas y vieron que era cierto. Pero eso no era todo, ya que se dieron cuenta de que Ed sí podía haber extraído todos esos cadáveres. Cuando abrieron de nuevo las tumbas se dieron cuenta de que los cadáveres no estaban y que los ataúdes no descansaban en el fondo de un profundo hoyo. Sino que lo hacían encima de una plancha de metal colocada a tan solo un metro de profundidad. Esto, unido a que Ed cogía los cadáveres recién enterrados, les hizo eliminar del plano la idea de un cómplice.
Pero aún quedaba otra incógnita ¿Estaba Ed relacionado con las desapariciones? Sin embargo esta pregunta nunca fué resuelta, ya que en su casa no habían restos de ninguno de ellos.
El Juicio de Ed Gein
Por este motivo a Ed se le imputaron las muertes de la señora Worden y la señora Hogan (la dueña del bar). De esta forma Ed Gein nunca sería reconocido como un asesino en serie.
Más bien fue catalogado como un enfermo mental. Ya que, tras ser examinado por diversos psiquiatras, estos llegaron a la conclusión de que Ed padecía esquizofrenia y psicopatía.
El 17 de noviembre de 1957 Ed Gein fue declarado inimputable debido a la cantidad de enfermedades mentales que padecía y cómo éstas habían podido alterar su juicio. Por ello fué condenado a cadena perpetua, pero no en la cárcel, sino en el hospital psiquiátrico.
«…tras ser examinado por diversos psiquiatras, estos llegaron a la conclusión de que Ed padecía esquizofrenia y psicopatía.»
Fotografía blog «Silenzine».

Conclusión
Ed Gein, el hombre detrás del espeluznante telón de la criminología, se erige como un enigma de lo macabro en la historia criminal. A medida que hemos desenterrado los oscuros secretos de su vida, desde su infancia hasta su escalofriante reinado de terror, hemos sido testigos de una transformación aterradora en la psique humana.
Cada víctima que cayó en sus garras, cada acto aberrante que cometió, nos recuerda que la línea entre lo humano y lo monstruoso puede ser frágil y perturbadora. Las sombras que rodean su historia nos desafían a explorar las profundidades más oscuras de nuestra propia naturaleza y a cuestionar qué elementos de la sociedad y la psicología pueden dar origen a un verdadero monstruo.
La narración de los horrores perpetrados por Gein es un recordatorio escalofriante de que, en ocasiones, la realidad supera a la ficción. Nos sumerge en el abismo de lo desconocido y nos insta a reflexionar sobre nuestra propia vulnerabilidad. Al mirar hacia atrás en su legado siniestro, nos invita a abrazar la luz de la comprensión y la prevención, recordándonos que, incluso en la más profunda oscuridad, la humanidad puede encontrar un camino hacia la redención.
Mientras cerramos este capítulo en la vida de Ed Gein, recordemos que el true crime, más allá de su morbo, nos confronta con la complejidad de la mente humana y las complejas sombras de la sociedad. Esta es una llamada a la reflexión, un recordatorio de que, al comprender a los monstruos, podemos estar mejor preparados para enfrentar los demonios ocultos que acechan en las profundidades de la psique humana. Gracias por acompañarnos en este escalofriante viaje.
